Al inicio de No Direction Home, el documental de Martin Scorsese sobre Bob Dylan, el artista pinta con sus palabras una de sus frases más memorables:

“Nací muy lejos de donde se supone que debo estar, por lo tanto, voy de camino a mi hogar”

Hubo un tiempo en el que para mi estas palabras eran como un evangelio. Asumía que Dylan se refería a mudarse, a moverse, a ir lejos del humilde pueblo que lo vio crecer. Me identifiqué con él en ese sentido puesto que nací y crecí en un pueblo pequeño. Desde que puedo recordar siempre quise irme lejos porque aunque tenía suficiente sentía que no pertenecía.

Llegando al final de mi adolescencia, y viéndome pateando piedras, Dylan seguía conversandome:

Nací aquí y moriré aquí en contra de mi voluntad
Sé que parece que me muevo pero estoy quieto
Cada nervio de mi cuerpo está tan desnudo y entumecido
Ni siquiera puedo recordar de qué vine a escapar
Ni siquiera escucho el murmullo de una oración
Todavía no está oscuro, pero se está acercando
 — Not Dark Yet

Hoy, varios años, lugares y fracasos después, las mismas palabras, en el mismo contexto tienen otro significado.

Dylan era un judío en Minnesota pero se convirtió en un icono de la música Folk, escribió e interpretó himnos del movimiento politico en pro de los derechos civiles, controversialmente reinventó por completo un género musical y cambió la música popular como tal en el proceso. Bob Dylan ha sido cantante, escritor, actor e incluso un cristiano devoto. Ha encontrado algunas piedras en el camino, ha caído, pero cada vez que todos han creído que su fin ha llegado, Dylan le ha dicho al mundo “aún no he llegado a mi hogar.”

Ahora comprendo que el hogar de Dylan no es un lugar. Es un estado de crecimiento constante, creatividad perseverante, e incesante aprendizaje. Hay que ser felíz aquí, en el camino al hogar.